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Nasry Asfura asume la presidencia de Honduras con austeridad y baja concurrencia

Toma de posesión marcada por un acto sobrio y ausencia de presidentes extranjeros

Ceremonia de investidura y ambiente político

Nasry Asfura, conocido popularmente como "Papi a la orden", asumió la presidencia de Honduras para el periodo 2026-2030 en una ceremonia realizada el martes 27 de enero en el Congreso Nacional de Tegucigalpa. El acto, con capacidad para unas 200 personas, se caracterizó por su austeridad y una lista limitada de invitados, sin la presencia habitual de presidentes o jefes de Estado extranjeros, ni siquiera de países vecinos como Guatemala, Nicaragua o El Salvador.

La presidenta saliente, Xiomara Castro, no asistió a la investidura. Aunque respetó los resultados oficiales del Consejo Nacional Electoral (CNE), Castro había denunciado previamente un supuesto “monstruoso fraude electoral” y calificó el gobierno entrante como un “gobierno de facto”.

Discurso y líneas de gobierno

Durante su breve discurso, Asfura agradeció el apoyo del pueblo hondureño y destacó la necesidad de comenzar a trabajar sin desperdiciar tiempo. Mencionó de forma general los retos en seguridad, salud y educación, pero no hizo referencia directa al crimen organizado, narcotráfico ni a las pandillas, problemas centrales para el país y foco de atención para Estados Unidos.

El mandatario fue proclamado presidente electo tras un prolongado y polémico escrutinio electoral que demoró un mes y generó incertidumbre nacional. El margen de su victoria rondó los 40,000 votos en un padrón electoral de 6.3 millones, lo que provocó cuestionamientos sobre la legitimidad del resultado.

Ausencia de gabinete y otros detalles

Contrario a lo esperado, Asfura no presentó su gabinete completo durante la ceremonia. Además, a pesar del apoyo público recibido semanas antes por parte del expresidente estadounidense Donald Trump, el nuevo presidente no hizo mención particular a la representante estadounidense en Honduras, Colleen A. Hoey.

Contexto de seguridad y protestas

El acto contó con un fuerte dispositivo de seguridad, reforzado tras un atentado ocurrido el 8 de enero contra la congresista oficialista Gladys López, quien resultó herida por un artefacto explosivo. Dos días antes de la investidura, manifestantes que participaron en la marcha por el Día de la Mujer Hondureña intentaron acercarse al Congreso, siendo dispersados con gases lacrimógenos por militares.

A diferencia de traspasos presidenciales anteriores, no hubo una gran celebración pública en el Estadio Nacional Chelato Uclés. En cambio, la ceremonia se dividió entre el Congreso y un acto paralelo en el Parque Central, donde se congregaron alrededor de 1,500 personas. Frente al Congreso, apenas unas 60 personas apoyaron al presidente, muchas ondeando banderas del Partido Nacional.

Tras la investidura, Asfura se dirigió a un pequeño entarimado en la calle Bolívar para agradecer a sus simpatizantes, quienes coreaban consignas como “Sí se pudo” y “Estamos actiiivoooos”.

Situación sanitaria y social

Honduras enfrenta una crisis sanitaria marcada por la insuficiente atención en hospitales públicos. El nuevo gobierno presentó un proyecto de ley para implementar “medidas excepcionales para la atención al pueblo”, que según expertos implicaría un inicio de privatización del sistema de salud.

El régimen de excepción impuesto en 2022 para combatir la extorsión y otros delitos no será renovado, lo que añade incertidumbre sobre las políticas de seguridad futuras.


Resumen

Nasry Asfura asumió la presidencia de Honduras en un acto austero y con baja asistencia, en medio de un ambiente político polarizado y un contexto de inseguridad. Su discurso fue breve y sin referencias directas a los principales desafíos del país, mientras que la oposición cuestiona la legitimidad de su mandato. La ausencia de la presidenta saliente y de jefes de Estado extranjeros subraya la tensión política que atraviesa el país centroamericano.

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